Todo momento de revisión de nuestras prácticas implica un gran esfuerzo, ya que no es tan sencillo mirar “desde” nosotros mismos, lo que hacemos y como lo hacemos.
En
primer lugar creo que mis luces rojas se encendieron cuando empecé el curso y
me sentí en principio un poco desorientada, sobre todo porque eran herramientas
que nunca había utilizado como alumna ni como profesora. Entonces el ejercicio
era doble, para poder confeccionarlo había que entenderlo. Además la mayoría de
autores y bibliografía fue nueva, y al no tener tanta experiencia, todo lo que
leo, veo o escucho me hace ir pensando y repensando mi accionar. Acarando que
es una luz roja motivadora, me obliga a pensar para ir aprendiendo y modificando mi tarea.
Con respecto a mis criterios de evaluación, releyendo el post veo que siempre
aparece el temor a la injusticia, ya sea por defecto o por exceso, aparece cada
vez que evaluo, como cuando escribo acerca de la evaluación.
Creo que por eso utilizó esta forma de corregir.También me sorprendió ver
tantos comentarios que aunque hablaban de diversos modos de evaluación, todos
perseguían el mismo objetivo: que los alumnos aprendan y comprendan los
contenidos favoreciendo la metacognición.
A
medida que avanzaba el curso las luces se fueron tornando de color amarillo,
empecé a ver similitudes, nuevas opciones posibles, errores que no había
detectado y me fui amigando con el formato del curso y las herramientas
utilizadas. Igualmente sigo pensando si en cursos de entre 100 y 120 alumnos es
posible ponerlos a funcionar, teniendo en cuenta sobre todo en el poco tiempo y
el mucho trabajo que a veces nos agobia.
Ya
más avanzado el curso aparecieron las luces verdes, que son muchas por cierto.
Por un lado gratamente sorprendida de que tanto el blog que armamos en el
comienzo, como los formularios y las rúbricas, están al alcance de todos y son
fáciles de utilizar. Me llamo la atención que si bien no armo un rúbrica como
tal, las correcciones que realizo tiene esa esencia .
Todo
lo aprendido es una buena forma de aportar nuevas opciones al trabajo diario, sin
olvidar que estamos evaluando. En ese sentido los textos aportaron muchos hilos
de conversación que luego se hicieron muy enriquecedores.
Durante
este tiempo seguí reforzando el pensamiento de que si bien podemos diferenciar
a la evaluación según el momento en que es llevaba a cabo en diagnóstica, formativa o sumatoria es un proceso
continuo, en el que no sólo evaluamos el alumno y sus productos, sino la forma en
que realizan ese proceso, alentando la comprensión de cada nuevo contenido o
habilidad adquirida.
Tenemos luz verde para seguir aprendiendo, compartiendo y autoevaluándonos,
en pos de mejorar nuestra labor.
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